Por qué un verano de niño duraba tanto
No es imaginación, y hay explicaciones razonables.
El reloj marca lo mismo, pero la sensación cambia. Y eso también se puede explicar.
1. La rutina comprime, la novedad estira
De ahí sale la única palanca práctica: cambiar de sitio, aprender algo, alterar el recorrido. No alarga el año, pero sí la cantidad de él que queda registrada.
2. Medimos hacia atrás, no hacia delante
Al juzgar cuánto duró un periodo, lo estimamos por cuántos recuerdos distintos guardamos de él. Un mes de viaje deja muchos y parece larguísimo; un mes de rutina deja pocos y parece que voló, aunque en su momento se hiciera lento.
3. En el momento pasa lo contrario
Curiosamente, lo aburrido se hace eterno mientras ocurre y desaparece al recordarlo; lo intenso pasa volando y luego se recuerda largo. Las dos sensaciones no se contradicen: miden cosas distintas.
4. Lo nuevo deja más memoria
El recuerdo se construye sobre lo que rompe la rutina. La infancia está llena de primeras veces; a partir de cierto momento, muchas semanas son casi idénticas y dejan un rastro mucho más fino.
No es solo impresión
Que sea subjetivo no significa que no tenga causas. Tiene varias, y bastante razonables.